Certidumbre e independencia

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Joseba Lopezortega /

Se lee en los medios que las cámaras norteamericanas comienzan a plantearse la necesidad de poner coto al hambre insaciable de las empresas llamadas tecnológicas (lo son con matices) que dominan el intercambio de información en las redes sociales. Esta es la visión de Nicholas Negroponte sobre estas compañías:

«Es sorprendente qué poco aportan muchas de esas grandes compañías. La gente joven quiere ser Mark Zuckerberg, no quieren ser Alan Turing. Es decepcionante. Necesitamos gente que invente y sea imaginativa como Turing.»

La comparación entre Zuckerberg y Turing lo resume todo; pero lo cierto es que, ahora mismo, se vertebra una parte sustancial de la comunicación a través de un sistema de redes dominado por el oligopolio del propietario de Facebook, quien controla Instagram o WhatsApp y descontrola la privacidad de los datos de sus usuarios. También la neutralidad ideológica de Zuckerberg es altamente dudosa.

Las redes de Zuckerberg, junto con Twitter, son la principal herramienta de difusión de los pequeños editores online. Suministros de Imagen da soporte a una página web de música clásica y ópera, www.klassikbidea.eus, y comprobamos cómo cualquier cambio ejercido desde la propiedad de esas redes modifica sustancialmente la visibilidad de los contenidos. Dicho de otra manera, los contenidos están a merced de los designios de la propiedad a través de las modificaciones de sus algoritmos.

Sucede con Google, pero la incidencia no es comparable. Si una mañana Zuckerberg se levantara diciendo “a partir de ahora, como la ópera me parece aburrida, no la mostraré a mis usuarios”, ¿qué clase de derechos estaría conculcando? Si yo he puesto en marcha una iniciativa concreta de contenidos en virtud de una estructura de funcionamiento determinada, ¿qué intereses y posibles derechos se lesionan con un cambio repentino?

Es preciso un marco que aporte certidumbre para las acciones en la red, es decir: normas y control. Creo que esa posibilidad era la única vertiente de preocupación de Zuckerberg en su ya célebre visita al Congreso de Estados Unidos en abril de 2018. Diría que el marco de derechos es más importante que la propia concentración empresarial de las plataformas de red.

Como editor de Klassikbidea sólo puedo constatar mi indefensión y la costosa alternativa de pagar periódicamente para garantizar la visibilidad de mis contenidos. Se puede argumentar razonablemente que mi obligación es integrar Klassikbidea en un ciclo económico: generar ingresos para invertir en difusión. Pero ese es un modelo que me inquieta, toda vez que mi deber como editor de una publicación que difunde crítica de las actividades musicales es no cobrar de aquellos a quien critico. Esta cautela me permite preservar una independencia que, forzosamente, me parece débil en publicaciones online plenamente volcadas a su monetización. Y también, cómo no, en críticos que opinan cualitativamente de entidades a las que, de hecho, facturan.

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