Juegos en Tokyo, salto de altura en Lieja

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Los trabajos de Kenjiro Sano y Olivier Debie
Los trabajos de Kenjiro Sano y Olivier Debie

 

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La presentación del “logotipo” de los JJOO de Tokyo 2020 ha levantado cierta polvareda, tras la acusación de plagio efectuada por el diseñador Olivier Debie a finales de julio. Efectivamente ambos imagotipos se parecen. También la “T” de Telekom se parece, incluso la tipografía se asemeja, aunque el brazo con serifa de la T no haya girado 180 grados hasta ubicarse en el pie ficticio de la letra. Incluso si giramos 90 grados el trabajo de Olivier Debie parece un simple “prohibido el paso” en tinta negra, ¿porqué? Porque es un buen imagotipo, vale. Sencillo y bueno, englobando la T y la L. Tan simple y bueno que es fácil que un trabajo llegue a resultados similares sin necesidad de conocer ni Lieja, ni su teatro, ni la identidad visual de este equipamiento de la histórica ciudad de casi 200.000 habitantes.  Y si nos abstraemos de la letra T y su tratamiento y pensamos en letras en negativo sobre un círculo negro estamos ante una galaxia inexplorable.

El trabajo de Kenjiro Sano para Tokyo 2020 descompone la T a la manera del imagotipo belga, aunque sin separar los brazos del asta. Además incorpora la leyenda “Tokyo 2020” y también se presenta (al menos ocasionalmente) sobre el célebre pictograma de los Juegos, con sus cinco inconfundibles circunferencias de colores. En el trabajo de Sano, el brazo derecho de la T ha caído para que el sol rojo, símbolo nacional japonés, ocupe su espacio lógico en la composición del trabajo: en lo alto y en el levante. Tokyio y el sol naciente. Dos y dos, cuatro. Más recargado y elaborado que el trabajo belga, pero también sencillo y evidente.

Se entiende que la reacción del diseñador de Lieja haya sido reconocer su propio trabajo en el de Sano, máxime si como él sostiene su creación circula en internet (como hace cualquier otra cosa publicada en la red) e incluso en las páginas de asociaciones de distintos países, dice el abogado del teatro; pero desprender de la semejanza un plagio son palabras mayores, dado que –contra la que parece ser opinión del diseñador belga– el japonés no tenía por qué conocer su trabajo. De hecho, se pueden hacer identidades visuales, logos, imagotipos etc.  sin necesidad de visitar páginas de asociaciones, porque los buenos y novedosos identificativos visuales son evidentes en la comunicación actual.

Por otro lado, ¿qué puede decir un  tribunal en términos de plagio? Un círculo negro no tiene autoría, quizá el tratamiento de la T sea original, así en cursiva, pero el mecanismo lógico del trabajo del diseñador japonés es tan evidente y claro que nosotros no pensamos que la causa del plagio sea defendible. El belga hizo un buen trabajo, y el japonés también. No hablamos de un invento, hablamos de una letra.

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