Miles de lindos gatitos

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Libertad y talento frente al imperativo del silencio
Libertad y talento frente al imperativo del silencio

 

Joseba Lopezortega /

Bélgica ha aportado muchas cosas al mundo, entre ellas un icono de la cultura pop del siglo XX: Tintí­n. En la célebre serie de álbumes protagonizada por Tintí­n aparecen dos personajes, Hernández y Fernández (Dupond y Dupont, en el original) que parecen un retrato del papel de las fuerzas de seguridad belgas en el feliz desenlace de un fin de semana terriblemente violentado para los habitantes en Bélgica, especialmente en Bruselas. Algunos detenidos e interrogados pero ni pistolas, ni explosivos, ni nada, y el principal sospechoso que sigue huido. Una rueda de prensa de apenas diez minutos para apenas decir nada. Un alivio enorme, pero parecí­a que las pesquisas las habí­an protagonizado los inspectores del cómic, siempre a expensas de la manera en que la inteligencia belga está descubriendo u ocultando cara a la opinión pública, que a saber.

Desde luego hay que celebrar que todo haya quedado en esa sensación de vací­o de comedia, cuando las miradas de millones de personas convergían en Bruselas y existía un fuerte miedo a la inminencia de un nuevo horror. Pero desgraciadas las expectativas que se sienten defraudadas cuando nada acontece. Nosotros estamos felices, quede claro, que las redes son traicioneras y se abren de forma natural a las interpretaciones, y además pudimos asistir a un hermoso y masivo gesto de rebeldí­a y civismo de los y las belgas en forma de explosión felina: gatos y más gatos. Frente al silencio y el miedo, gatos.

Unas dos horas antes de la breve rueda de prensa, cuando la policía hizo un llamamiento para que los habitantes de Bruselas no dieran pistas en redes sociales sobre el desarrollo de las operaciones, Bélgica comenzó a desafiar al terror del ISIS cambiando las fotos de la operación por fotos de gatos. Pronto surgieron tratamientos simples y tambien hilarantes: gatos desafiantes, gatos tranquilos, poderosos, ingenuos o frágiles, disfrazados, armados hasta los dientes, coquetos, velando uñas; todo tipo de gatos fotografiados, dibujados y trucados, y pronto muchos mensajes del mundo hacia Bélgica que también mostraban gatos. El gato: el animal doméstico por antonomasia, y también el más sigiloso y misterioso, el compañero que nos acepta junto a él en su espacio -siempre suyo- y de cuyas andanzas apenas sabemos sino detalles. Un magní­fico emblema del sigilo.

Y también un desafío. En cada gato brillaba una brizna de las libertades ciudadanas que amenaza el terror, terror que tanto daña a la abrumadora mayoría de musulmanes que lo rechazan con todas sus fuerzas (y esto hay que recordarlo siempre). Occidente volaba alto ayer, entre acrobacias, garras y bigotes, proclamando que el talento necesita de la libertad, y que defender la libertad es defender el derecho a la risa, la comunicación, la burla y la solidaridad. La silenciosa explosión de gatos vivida en Twitter fue, sin duda, un momento álgido en la historia de esta potente e inmediata herramienta, además de una demostración de cordura y valores de una ciudadaní­a empeñada en defender su derecho a acariciar en libertad mostrando sus garras. Bien por Bélgica y también, cómo no, bien por Twitter.

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