¿Puede Facebook carecer de ideología?

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Ilustración: María Laburu / Suministros de Imagen
Ilustración: María Laburu / Suministros de Imagen

 

Joseba Lopezortega /

 

Noticias falsas, intoxicaciones, filtraciones, vulnerabilidades y unas cuantas cuestiones más, todas ellas delicadas, acompañan desde hace tiempo el debate en torno a una red social  surgida para algo tan sencillo, y aparentemente inocuo, como facilitar que las personas se relacionen entre sí y compartan libremente contenidos de cualquier índole: los quehaceres de su trabajo, las andanzas familiares, las visiones políticas o los gustos musicales, hasta abarcar todo el inagotable caudal de las actividades humanas, libres y diversas.

Síntoma de una sociedad de personas que precisan comunicarse en un contexto social de aislamiento y atomización, Facebook es ante todo una poderosa tecnología capaz de gestionar diariamente, de modo ordenado, decenas de millones de informaciones creadas en distintos idiomas y lanzadas por personas de cualquier religión, ideología, extracción social y educación. Esto la convierte, aparentemente, en una herramienta tecnológica plural, pero ¿le es exigible que sea ideológicamente neutra?

En cuanto tecnología, Facebook es asimilable a la radio en sus orígenes: una vía popular de comunicación que atrae a las masas y que concita el interés de facciones interesadas en medrar a su través. Existe una ligazón entre la tecnología radiofónica y la emergencia de las ideologías totalitarias en los años veinte del s.XX, y existe un vínculo entre Facebook y la proliferación de ideologías reaccionarias en el s.XXI. La influencia de “la” red en los resultados electorales norteamericanos o en el resultado del referéndum para la continuidad de Gran Bretaña en la Unión Europea está ahí, se admite sin discusión y se debate en los parlamentos, y coincide con el avance relativo pero inquietante de las opciones políticas de extrema derecha; responde también a intereses contrarios a la estabilidad y cohesión de la Unión Europea, el más grande proyecto de creación de una gran estructura política supranacional por vías democráticas y pacíficas en la Historia, en respuesta a dos guerras devastadoras en el teatro europeo. Un proyecto brillante y elevado, y frágil en función de su propia envergadura.

No creo que Facebook haya beneficiado en ningún lugar las libertades democráticas o haya servido a combatir las posiciones racistas tanto como ha contribuido al crecimiento de las corrientes más reaccionarias. Quizá Facebook no sea la vía de despegue de los populismos, quizá sea intrínsecamente populista y consecuentemente reaccionario. No es neutral ni probablemente pueda serlo, condenada inexorablemente al modo fatal de una crisis Seldon.

Pero la naturaleza del problema no es tanto que Facebook posea un ineludible sesgo y ejerza una tracción social y política determinada, como tantos medios de comunicación, el problema es su carácter de virtual monopolio. En su ámbito Facebook no es una emisora, Facebook es LA radio, el oscuro e intenso poder orwelliano: un imperio moralizante, omnívoro e insaciable que sintonizan cientos de millones de usuarios-transistores diariamente. El potencial lesivo de semejante monopolio es tan grande como el que tendría la prensa escrita si sólo existiera una mancheta, sin olvidar que obviamente no hay manchetas sin sesgo ideológico. La cuestión por tanto es si Facebook es sostenible sin muchos facebooks más que abran cauces a la pluralidad. Creo que no lo es y precisamente por eso devora y devora posibles rivales.

Sin embargo, en realidad Facebook es un sistema sumamente fragmentado. El apasionado del deporte tenderá a interactuar con el deporte, el melómano con la música, el lector con libros, el padre de familia con cosas de niños. La selección se produce necesariamente y produce millones de núcleos de interés sumamente dispares y potencialmente aislados entre sí, con los riesgos inherentes a la especialización. En términos de manipulación esos nodos representan mucha información sobre la que actuar, caudales colosales sobre los que incidir en una dirección determinada,  haciendo necesario el concurso de capacidades poderosas. Gobiernos.

Facebook incide en los acontecimientos políticos. Respecto a su centrismo, la prensa tradicional y libre -de cualquier ideología- representa un imprescindible sistema planetario de frágil equilibrio. Representa un tesoro accesible también a través de Facebook, si se decide seguir a medios de comunicación. En esto confluyen una vez más el riesgo y la ventura, porque en el entorno digital no existen las barreras de puesta en marcha y difusión inseparables de los medios tradicionales. Sin papel no hay frontera. Que una parte de ese potencial se emplee de forma aviesa no significa que los entornos digitales no representen un gran salto hacia adelante en la evolución social y cultural. El problema es: ¿a dónde conduce ese gran salto? ¿Y si el vacío amenazara bajo la trayectoria de ese salto? Desazona el cierto estupor del legislativo norteamericano interrogando a Mark Zuckerberg, rostro visible del gigante de la comunicación: Delacroix juzgando a Cezanne, en el mejor de los casos, o lo que es lo mismo décadas y décadas de comprensión analógica evaluando una materia poco conocida y escasamente experimentada.

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