Sentencia en el caso de Kukuxumusu contra Mikel Urmeneta

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Joseba Lopezortega /

Mikel Urmeneta, su originario dibujante, cedió a los compradores de Kukuxumusu muchísimos dibujos, unos 15.000, y los nuevos propietarios de la conocida marca le demandaron por utilizarlos o por emplear otros dibujos muy similares a los vendidos. La sentencia, como se valora desde el entorno del propio Urmeneta, pone el acento en el cambio de la propiedad de los dibujos derivado de su venta, es decir en el hecho mercantil. Como hubiera sucedido en el derecho anglosajón, en el que el copyright prevalece sobre el derecho de autor.

Son cuestiones sutiles y mi intención no es poner mi opinión de un lado o de otro, porque carezco de la formación y de la información necesarias. Pero el enfrentamiento entre Urmeneta y Kukuxumusu me ha recordado el caso, más célebre y con mayores implicaciones, del paso del dibujante Tex Avery de la Warner a la Metro. Avery, uno de los más grandes dibujantes de historietas animadas de la escuela norteamericana, trabajaba en Warner Bros. como uno de los principales creadores de la mítica serie Looney Tunes, a la que incorporó personajes tan famosos como el Pato Lucas y Bugs Bunny. Lo hizo de forma protagonista pero en equipo: junto a él se encontraban Clampett y el inconmensurable Chuck Jones, y lo cierto es que en una producción animada compleja como un cartoon los logros, personajes incluidos, son colectivos y alcanzan al conjunto del estudio o productora. Creo que también en el caso de los dibujos de Urmeneta una parte de su notoriedad se debe a su equipo.

Tras un breve paso por Paramount, Avery recaló en Metro-Goldwyn-Mayer, MGM. Desposeído de las fabulosas criaturas que había creado para Warner, que jamás pudo volver a utilizar precisamente porque eran propiedad de Warner, Avery agudizó su ingenio para crear nuevos personajes. Los nuevos personajes nunca alcanzaron la notoriedad industrial de los que había hecho para su etapa anterior, y sin embargo fueron muy superiores desde la perspectiva de la creatividad. La etapa de Avery en MGM es, todavía hoy, una cumbre en la historia del dibujo animado. Quizá marca una vía para Urmeneta, pero atención a este matiz: Urmeneta no es un cineasta, es un dibujante.

Como tal dibujante, tiene un estilo definido y no es fácil que pueda dejar de parecerse a sí mismo. Cuando dibuje un toro será identificable como un toro de Urmeneta, ¿deberá dejar de dibujar toros u otras cosas con su propio estilo? Porque, en ese caso, quizá haya vendido a la nueva empresa propietaria no los 15.000 dibujos, sino su modo de vida.

Red Hot Riding HoodMagical MaestroVentriloquist cat no son un toro de Urmeneta, son algo mucho más grande y complejo. Me parece más atractivo ver uno de esos cortos que desayunar en una taza de Kukuxumusu, ciertamente, pero las fronteras de la creación son delicadas y Urmeneta haría bien en defenderlas. Es inevitable preguntarse si las tuvo en cuenta suficientemente en el momento de estampar su firma en la venta de Kukuxumusu, que es lo que entiendo que trata de clarificar la sentencia. Y en todo caso, por favor, que siga dibujando, quizá pueda reinventarse fuera de toda duda.

 

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